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Tipos de piel

Pese a ser el órgano principal y de defensa, y el más grande el organismo, pocos son los cuidados que le dispensamos a la piel. No todas las pieles son iguales, y en atención a sus diferencias externas e internas, cada tipo precisa de un cuidado específico para defenderla de las enfermedades y peligros que la acechan.

La piel es el principal órgano de defensa del organismo. Es el más extenso del cuerpo y el que desarrolla mayor número de funciones: se encarga de oxigenar y eliminar las toxinas, de proteger de las agresiones externas, los gérmenes y las enfermedades, y de controlar la temperatura corporal interna, además, de desarrollar funciones sensoriales.

La piel está formada por tres capas: la epidermis, la dermis y la hipodermis.

La epidermis es la capa más superficial de la piel. Está formada por diversos estratos celulares y en ella se elabora la queratina, que se encarga de regular la hidratación cutánea. El estrato más profundo de la epidermis está formado por células muy activas, que se reproducen rápidamente, gracias a lo cual es posible reparar el deterioro superficial de la epidermis. La media de vida de sus células es de un mes. El estrato más superficial de la epidermis es el córneo. Su espesor varía según las distintas partes del cuerpo. En él las células están muertas y son ricas en queratina. Ésta, los lípidos y el factor natural de hidratación forman el manto hidrolipídico de la piel. El nivel de hidratación de este estrato es fundamental para sus funciones mecánicas y sus cualidades estéticas, ya que una variación en dicho nivel afecta inevitablemente a las células, dando lugar a que se produzca el envejecimiento cutáneo.

La dermis se encuentra bajo la epidermis. Está constituida por fibras de colágeno y elastina, y es muy rica en agua. En esta capa es donde se producen los procesos nutritivos, respiratorios y de desecho del resto de las células. Cuenta con dos estratos, siendo el más superficial el que contiene los vasos linfáticos, los vasos sanguíneos y las terminaciones nerviosas. En la dermis se asientan las glándulas sebáceas, las sudoríparas y los folículos pilosos.

La hipodermis es la capa más profunda de la piel. Está formada por células adiposas y fibras musculares lisas y estriadas. Tiene una textura blanda y grasienta. En ella se producen las acumulaciones de células adiposas responsables, junto con un debilitamiento muscular, de las bolsas de los ojos, el doble mentón, etc. Pero es precisamente su tejido graso el que da flexibilidad y elasticidad a la piel y el que aísla al organismo del frío.

Tipos de piel

¿CUÁL ES MI TIPO DE PIEL?

Piel seca

Su aspecto es opaco, rugoso. Se irrita con facilidad y se descama con frecuencia, presentando una textura áspera. Una piel es seca por la falta de grasa o por la pérdida excesiva de agua. Ambos motivos suelen asociarse, especialmente en los casos de piel muy fina. Ante la falta de grasa, la piel se encuentra desprotegida y pierde sus reservas hídricas. A partir de los 25 años de edad, este tipo de piel acusa con facilidad las arrugas debido a la falta de agua, por lo que la hidratación será su necesidad primordial.

Piel grasa

Se caracteriza por tener los poros muy dilatados, una textura gruesa y muchas impurezas. Suele caracterizarse por brillos en la nariz, el contorno de la boca y el mentón. Suele estar acompañada de granos, puntos negros y espinillas. La causa de una piel grasa es una secreción excesiva de las glándulas sebáceas, ocasionada por una alteración del sistema nervioso, del hormonal o del endocrino. Estos desarreglos se pueden ver agravados por una alimentación rica en grasas y por un exceso de humedad o de calor. Lo único que posee a su favor este tipo de piel es que el envejecimiento tarda más tiempo en manifestarse. Necesita, como cualquier otra, ser hidratada, pero también requiere una regulación de su secreción sebácea.

Piel mixta

Es un tipo de piel que presenta zonas secas y grasas a la vez. La grasa suele localizarse en la frente, la nariz y la barbilla, mientras que el resto adolece de un exceso de sequedad. Sus necesidades están también divididas, ya que a cada zona le conviene lo que exige el tipo de piel al que pertenece.

Pieles sensibles

Se caracterizan por poseer un estrato córneo extremadamente delgado. Por ello, es un tipo de piel muy delicada, que reacciona ante cualquier agresión por mínima que sea, irritándose y congestionándose. Presenta tendencia a la descamación y la deshidratación y es propensa a las arrugas prematuras. Necesita, sobre todo, la máxima protección.

Piel deshidratada

Una piel deshidratada, que puede ser seca, grasa, mixta o frágil, es la que presenta líneas transversales al presionar y levantar hacia arriba la piel del pómulo.

¿QUÉ NECESITA MI PIEL?

El buen funcionamiento de todos los procesos bioquímicos que se desarrollan en las diferentes capas de la piel es el que determina su salud y belleza. Una piel sana se caracteriza por su suavidad, tersura, elasticidad y luminosidad. No sufre trastornos epidérmicos y tiene equilibrados sus niveles de hidratación, grasa y acidez. Pero para mantener esta estabilidad más allá de los 20 años o recuperarla una vez perdida se requiere una serie de cuidados imprescindibles para todo tipo de piel (normal, grasa, seca, mixta o sensible).

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