Joyería de Lujo

Origen de las joyas

Las joyas siempre han existido, de cierta manera, en la historia de la humanidad. Los adornos están presentes desde la prehistoria, cuando eran hechos con huesos, piedras, dientes, conchas y madera. Su propósito era hacer hincapié en el estatus y el papel de cada uno en la sociedad; o bien, servir como amuletos protectores.

Historia y origen de las joyas

Para los egipcios, las joyas representaban sus creencias y sus dioses. Los accesorios eran tallados en forma de animales mitológicos como escarabajos, serpientes y dragones que, asociados a sus poderes simbólicos, funcionaban como protección y fuerza. Las joyas egipcias destacaban por su riqueza de colores, obtenidos de minerales, como feldespato y lapislázuli.

Los celtas – pueblo que habitaba parte de Alemania, Suiza y Austria – fabricaban joyas en bronce y oro, como collares, broches, pulseras y correas. Tenían gran soltura en la escritura en metal y en el esmaltado, utilizaban patrones circulares, espirales y formas en “S”.

Mientras que los griegos elaboraban piezas con formas geométricas y representaban escenas mitológicas en pulseras, aretes y collares.

Por su parte, la joyería romana tuvo influencia de los griegos, etruscos, egipcios y otros pueblos. Los romanos dominaban la técnica de la filigrana con maestría; en esta técnica, se emplean cables muy finos y bolitas de metal para componer una joya. Los estilos, provenientes de orígenes diversos, se solapaban en la misma pieza.

Los romanos no eran tan detallistas como los griegos, pero utilizaban una mayor diversidad de técnicas, como la policromía, donde colocaban una capa de oro sobre una superficie de madera y, finalmente, aplicaban un esmalte por encima.

Las esmeraldas existían y aparecían junto con las perlas. Piedras como el zafiro, topacio y diamantes también eran apreciadas entre los romanos.

La aretusa romana era una especie de cápsula que acompañaba al niño desde el nacimiento hasta los diecisiete años, dentro de la cual se vertían sustancias protectoras.

Otras formas utilizadas eran la rueda, el alfiler griego conocido como fibulae y la barra horizontal a la cual se unen dos o tres pendientes verticales, de origen asiático. Con el paso del Período Imperial, vino la técnica de perforar láminas de metal para crear motivos decorativos y la preferencia por joyas multicolores, con rubí, ámbar y ágata en una misma pieza.

Los camafeos – piedras talladas de manera que representaban una figura humana – también fueron muy usados por los romanos.

Eran, sobre todo, empleados en tiaras con perlas para acompañar los peinados de las señoras de la aristocracia y, posteriormente, llegó la costumbre de utilizar las monedas y medallas de oro en los anillos masculinos o como distinción militar. Estos se utilizaban en collares o broches; ya que las monedas eran una forma de adulación al rostro estampado en su superficie.

Después, surgieron las pulseras en oro macizo, y una versión más grande del alfiler griego, similar a las actuales hebillas redondas utilizadas en los cinturones, para sostener los mantos.

Hoy en día, cabe señalar que mucho de la estética de estos pueblos aún acompaña a las creaciones de los diseñadores contemporáneos. Después de todo, el buen gusto y la elegancia son atemporales.

 

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